
Llegada al Nuevo Mundo
Feb
La colonización europea de América, llevada a cabo a finales del siglo XV (después de que Cristóbal Colón llegara al continente en 1492), provocó que los imperios español, portugués, británico, francés y holandés, conquistaran y colonizaran muchos territorios y poblaciones del “nuevo mundo”.
Y esta colonización hizo que, entre otros tantos productos, el aceite de oliva se expandiera por tierras americanas por primera vez. Las primeras producciones de aceite de oliva se ensayaron en los territorios del Virreinato de Nueva España y fueron los jesuitas los primeros en cultivar la planta. El olivo fue uno de los primeros cultivos introducidos por los españoles en América y su consumo fue extendiéndose poco a poco a las tradiciones culinarias de cada uno de los países de América.
El Archivo de Indias (Sevilla) contiene información detallada acerca de estas plantaciones en el “nuevo mundo”. Los olivos fueron plantándose desde México al denominado Virreinato del Perú. Desde las tierras descubiertas del norte por la zona de Nueva España (actual California y México) algunos aventureros como Alonso de Ojeda fueron abriéndose paso a las tierras del sur.
Si recuerdan algo de historia del colegio, sabrán que a comienzos del siglo XVI se fundó la Casa de Contratación con el objeto de fijar las reglas de comercio con el nuevo continente, las que afectaban a los productos de comercio transportados por la flota de las Indias y entre estos productos se encontraba el aceite de oliva.
En los registros de esta casa figura cómo en el año 1520 se portaron desde los jardines de localidades cercanas a Sevilla (Aljarafe) una cantidad que rondaba las 250 especies de olivares a las islas de la Hispaniola y Cuba. Estas primeras plantaciones no tuvieron éxito debido a que el clima caribeño no propiciaba el crecimiento de los olivares. El éxito fue mayor en las colonias del virreinato del Perú, así como en Nuevo México. Estos dos asentamientos hicieron que el olivo se propagara a lo largo del cono sur.
En Argentina, en el año 1562 Don Francisco de Aguirre realizó las primeras plantaciones de olivares procedentes de esquejes de ejemplares traídos del Perú. Debido al resultado de múltiples cruzamientos se acabó estableciendo una variedad de oliva autóctona denominada "arauco".
Según relata la leyenda, el Virrey del Perú, Pedro Fernández de Castro (conde de Lemos), ordenó talar todos los olivos debido a que la producción local era competencia para los aceites traídos de Europa. Sin embargo, dicen, una anciana guardó un brote que clandestinamente hizo crecer en otros lugares. En la actualidad, existe un árbol de la época que se denomina, un olivo de Arauco, único sobreviviente de la tala ordenada por el rey de España, en 1770, como medida proteccionista a la producción de la metrópoli.
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