Sequía afecta la producción de olivos

23
Oct

Esta noticia hace referencia a lo que venimos anunciando desde Cuna de Olivares desde hace mucho tiempo: la falta de agua en Europa es crítica y sus consecuencias se verán reflejadas en una menor producción y probable aumento en los precios del aceite de oliva.

 

La sequía hace muy difícil que se liberen los 600 m3/ hectárea del año pasado, una dotación que ya era tres veces inferior a la de una campaña normal. Cada día que pasa el panorama se complica un poquito más y la situación de los pantanos ha hecho saltar todas las alarmas.

 

Jaén vive una sequía durísima y los platos rotos los pagará el olivar y, por extensión, la economía de la provincia. El director técnico de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), Juan Saura, aseguró que el abastecimiento humano estaba garantizado. Lo del riego está más difícil. Los 192 litros caídos en Jaén desde octubre (un 50 por ciento por debajo de la media de los últimos quince años) apenas han subido el nivel de las presas de regulación general, las que evacuan para el campo, que se encuentran al 26,04 por ciento, cinco puntos menos que hace un año. La falta de precipitaciones es generalizada en todas las provincias andaluzas, pero se hace especialmente patente en el caso de Jaén que es la gran despensa de agua de Andalucía, al acaparar el 40 por ciento de la capacidad de almacenaje (2.652 hectómetros cúbicos sobre un total de 7.161).

 

Lo que hay en contra es que las reservas están bajo mínimos y que los oleicultores jienenses no tienen derechos de aprovechamiento para el estío. A favor, hablamos de un sector estratégico para Jaén y que las necesidades hídricas son significativamente inferiores a las de otros cultivos.

 

El gerente de Asaja-Jaén, Luis Carlos Valero, comenta que cerrar el grifo o reducir drásticamente la dotación tendría graves consecuencias. “El Gobierno y la CHG -manifiesta Valero- son perfectamente conscientes de que la cuenca tiene un déficit de 500 hectómetros cúbicos, pese a lo cual no han hecho nada”. “Han anunciado que no se van a construir más infraestructuras; tampoco se sabe nada de la exclusa salínica para evitar que el mar penetre en las marismas; existe una prohibición absoluta de aprovechar las escorrentías; el Plan Hidrológico Nacional fue rechazado; los trasvases también. ¿Qué nos queda?”, se pregunta.

 

Valero considera que con 300 metros cúbicos por hectárea no se soluciona ningún problema, tan sólo se puede aspirar a que los árboles no se mueran, “de producción, nada de nada”. Y agrega que para que las explotaciones se desarrollen de forma vigorosa se necesitan unos 560 lt, una cantidad muy alejada de los 192 litros actuales. “Hablamos de una cosecha cero tanto en el secano como en el regadío”, concluye.

 

 

 

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