Palestina: tierra de olivos

29
Mar

Palestina es uno de los nombres que ha recibido la región histórica del Oriente Próximo situada entre el mar Mediterráneo y el Jordán, donde actualmente se ubican Israel, los Territorios Palestinos (Cisjordania y la Franja de Gaza) y parte de Jordania y de Siria. Allí se distinguen tres regiones geomorfológicas, de oeste a este: la llanura litoral mediterránea, la cordillera central y el Valle del Jordán, la depresión más profunda de la Tierra. A estas tres regiones, hay que sumar la del desierto del Néguev, planicie y montañas de calcáreo, situado al sur de la zona. Las regiones áridas ocupan más de la mitad del territorio. Aun siendo desierto, en sus valles abundan los lirios y también árboles como pinos, eucaliptos, acacias y olivos.

Hay aproximadamente 10 millones de olivos en Cisjordania y la Franja de Gaza. Por lo menos un 45 % de las tierras agrícolas palestinas están plantadas con estos árboles. Muchos de ellos milenarios, son para los palestinos un símbolo de una profunda conexión con su tierra. Además, los olivos constituyen más del 20% de la producción agrícola total.

A su vez, éstos proporcionan la principal fuente de ingresos a 10 mil familias palestinas, produciendo alrededor de 153 mil toneladas de aceitunas, con una tasa de productividad que alcanza los 174 kilos por cada mil metros cuadrados. Se producen alrededor de 36 mil toneladas de aceite, de las cuales el 30% se consume a nivel local.

Sin embargo, desde la partición de Palestina este cultivo se ha visto afectado por distintas campañas y amenazas. Según un informe de la ONU, más de 221 mil árboles fueron arrancados y se reportaron más de 190 casos de violencia a agricultores palestinos y a sus árboles en Cisjordania y la franja de Gaza.

Palestina vive la llamada “campaña de tierra quemada” que consiste en la quema, tala o arranque de miles de olivares con el fin de perjudicar este sector y que hoy por hoy representa la principal fuente de ingresos de su maltrecha economía.

La etapa de la recolecta de las aceitunas, que en tiempos antiguos era uno de los momentos más hermosos de la familia, donde se reunían para recolectar el preciado fruto, hoy en día se ha convertido en un dolor de cabeza debido a los constantes ataques que obligan a los agricultores a abandonar sus tierras para que posteriormente, las palas excavadoras ejecuten su abuso.

Esta destrucción supone un problema no sólo para la economía de los agricultores palestinos, sino que el impacto sobre el medio ambiente tendrá efecto a largo plazo y esto ocasionará daños irreversibles en el ecosistema de la zona. Por un lado, privaría a la fauna de un medio donde refugiarse y alimentarse y, por otro, privaría al suelo de protección al no existir vegetación natural que frene la erosión.

A pesar de los altibajos, el pueblo palestino continúa la cosecha y, además, cuenta con uno de los mejores aceites de oliva de todo el mundo.

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