Las bases de una industria en crecimiento

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Jun

El consumo interno de los productos del olivo comenzó a aumentar en nuestros país hacia fines del siglo XIX con la llegada masiva de inmigrantes –españoles e italianos principalmente- que trataron de mantener sus comidas típicas. Con el paso de los años, el desarrollo de la producción de este fruto fue gradual.

En la década del 70, el sector productor de aceite de oliva ingresó en un período de crisis que duró más de dos décadas. Entre las razones, pueden señalarse el crecimiento de la producción de aceites de semillas –de costos más económicos y de excelente calidad- sumado a una noción errónea del aceite de oliva como producto poco saludable debido a su “supuesto” alto contenido de colesterol.

Esta realidad condujo a un programa de recambio varietal durante el cual las variedades aceiteras fueron reconvertidas en variedades productoras de aceitunas para conservas, ya que estas últimas mostraban un mercado en aumento sostenido.


Comienza el proceso de expansión

Hacia principios de la última década la realidad volvió a cambiar y el olivo pasó a ser nuevamente una actividad rentable. El aumento de los precios internacionales, la reducción sostenida de la producción en la cuenca del Mediterráneo, el compromiso de reducir los subsidios en la Unión Europea y la posibilidad de aplicar la ley de diferimiento impositivo -que contempla que las empresas de cualquier sector puedan diferir el pago de impuestos nacionales para realizar inversiones en el sector agropecuario- ubicaron al olivo en una situación de privilegio.

Estas condiciones propiciaron un proceso de expansión. Con la aplicación de dicha ley se plantaron olivos en regiones donde anteriormente era imposible por la envergadura de las inversiones que involucraban. Fue así que ingresaron al circuito productivo los valles áridos de La Rioja, Catamarca y San Juan. Por otra parte, en los últimos años el consumo interno de aceite de oliva se quintuplicó al pasar de 0,03 kg/hab en 1990 a 0,15 kg/hab en 1999.

En la actualidad, Argentina es el principal productor de aceite de oliva de América del Sur y podría convertirse en uno de los primeros diez productores mundiales. Las perspectivas son alentadoras, sin embargo falta todavía superar algunos inconvenientes.

Si bien el aceite elaborado en el país es de excelente calidad, aún no se realiza la clasificación organoléptica como en los países líderes. Esto representa un problema importante al momento de comercializar debido a que las normas internacionales son sumamente estrictas en los parámetros físicos y químicos. En este sentido, los actores vinculados con el sector plantean como una necesidad imperiosa la caracterización sistemática de los aceites que se elaboran en la Argentina.
 

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